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Qué difícil es invertir en nuestra salud.

Qué difícil es invertir en nuestra salud.

Qué difícil es invertir en nuestra salud.

Invertir en nuestra salud o incluso en nosotros mismos siempre es difícil, ya que damos prioridad a otros (pareja, padres, hijos, amigos, trabajo), pocas veces nos damos el tiempo, presupuesto y lujo para consentirnos, incluso hasta para comprar artículos en épocas decembrinas, procuramos comprar regalitos a todo mundo y ya por último, si bien nos va o nos sobra algo, nos compramos a nosotros mismos algún artículo para disfrute exclusivo de nuestra persona (la tele de 100 pulgadas o el gadget más reciente, no cuenta, ya que ni lo disfrutamos por estar trabajando para pagarlo o bien lo disfrutan todos menos tú).

Por lo tanto, invertir en nuestra salud es una de las cosas que más duda nos ocasiona, es decir, cuando llegamos a invertir, muy raras veces lo hacemos en la prevención y justificamos cualquier gasto como prioridad; piénsalo, las inversiones en salud son principalmente en el tratamiento (después de la enfermedad), justamente cuando ya es necesario hacerlo, no tanto por voluntad.

Esto es normal debido a la ley del menor esfuerzo, por lo general únicamente actuamos cuando algo nos incomoda o nos duele, eso sí, nos quejaremos todo el tiempo, pero a veces, no es tanto el daño como para hacer algo al respecto y solucionar la queja.

Para ilustrar mejor esta situación, en el libro “La Vaca” del Dr. Camilo Cruz (también está en audio), el autor hace referencia a pretextos y justificaciones absurdas que a veces ponemos para no hacer cambios en nuestra vida y así mantener hábitos y creencias limitantes.

Relata la historia principal de una familia muy pobre, cuya posesión más valiosa era una Vaca, por lo tanto, todo giraba en torno a mantenerla ya que era su única forma de sustento (te la recomiendo mucho, vale la pena leer o por lo menos escucharla).

Pero además cuenta otra historia que tiene más que ver con este tema; se trata de una persona que llegó a la casa de un granjero, frente a la puerta de su casa se encontraba acostado uno de sus perros, el cual se notaba que no estaba a gusto, había algo que lo molestaba e irritaba, haciéndolo ladrar y quejarse sin parar.

Después de unos minutos de observar tal actitud del perro, el visitante le preguntó al granjero
Oiga, ¿Qué le está sucediendo a su perro, parece que algo lo tiene irritado?

– El granjero le responde – ¡Ho no!, no se preocupe, lo que sucede es que es un perro muy perezoso, ya que justo donde está acostado, se encuentra la punta de un clavo que sobre sale del piso, éste lo pincha y molesta cada vez que se acuesta, por eso ladra y se queja constantemente

– Y el visitante le respondió – Bueno… ¿Y por qué no se mueve a otro lugar?

– El granjero responde – Es que seguramente el clavo lo molesta lo suficiente como para quejarse, pero no lo suficiente para hacerlo moverse…

Que gran historia ¿no crees? (aunque me pregunto si el granjero era igual, ya que sabía del clavo y no lo quitaba).

Esta historia es la viva imagen del conformismo, suena muy agresiva esta palabra, pero es la realidad con nuestra salud, nos quejamos constantemente de nuestros achaques o de nuestro peso, no nos gusta (aunque como mecanismo de defensa argumentemos lo contrario), pero realmente hacemos muy poco por solucionar o modificar la situación, es por ello que invertir en salud lo dejamos como última opción hasta que de plano sea muy necesario y en muchos casos, demasiado tarde.

Es aquí donde los tratamientos se vuelven muy costosos, recibimos una deficiente atención en los servicios públicos de salud o gastamos en muchos especialistas y ninguno “le atina”, gastamos todo nuestro tiempo y recursos económicos para tratar de curarnos, al grado de hasta tratar con métodos mágicos que nos recomendó la comadre por la desesperación y frustración que sentimos por esa incomodidad o dolor del que te hablé (nótese que cambié inversión por gasto cuando se habla del tratamiento para “curar” o intentar hacerlo).

 

Si no me crees, pregunta a una persona con cirrosis por alcoholismo si volvería a tomar, muchos te dirán que ya no, pero… “ya para qué”, esta decisión debió haberse tomado antes de “matar” al hígado (aquí uno se da cuenta que la voluntad de vivir es más grande que cualquier adicción, pero demasiado tarde).

 

Pongamos otro ejemplo que desafortunadamente cada vez será más frecuente ver en nuestra sociedad e incluso en nuestras familias: Una persona con diabetes no controlada que va a ser necesario amputar una extremidad por infección o de plano ya tiene insuficiencia renal en estadios avanzados, es cuando ya se quieren preocupar por cuidarse, cuando claramente es una enfermedad que si se controla desde el inicio, no se sufrirá de estás consecuencias, mejor aún, si se hubiera invertido en PREVENCIÓN (como aprender a comer en Sbel-T Forever), jamás se manifestaría aunque exista la predisposición genética.

 

Entonces ya para cerrar este artículo, reflexiona…

 

Si algo te molesta (por ejemplo el peso, la llantita que sobresale, la gastritis, el cansancio y falta de energía a media jornada), qué estás haciendo para modificarlo, en qué cosas furtivas o absurdas estás gastando el dinero ganado por tu trabajo y esfuerzo, el cual no te deja ningún beneficio y realmente ¿estás invirtiendo en la prevención de enfermedades y cuidado personal?, si es el caso felicidades, eres una persona responsable de cuidar el único medio que tienes para mantener tu bienestar y por consecuencia el de los tuyos, tu cuerpo.

Una vez reflexionando, ya te diste cuenta que estás en una situación como el perro incómodo de la historia que te conté, entonces te recuerdo que en Sbel-T Forever contamos con servicios que seguramente sean una opción para ayudarte a cambiar eso que te incomoda, molesta, lastima, duele, o simplemente NO TE GUSTA y lo mejor, ahorrarás recursos a corto, mediano y largo plazo.

“Que tu alimento sea tu medicina
Y que tu medicina sea tu alimento”
Hpócrates (460 a.C. – 370 a.C).

Lic. Nut. Oscar M. Alanis
contacto@sbeltforever.com
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